Hacer propias las necesidades ajenas

Lunes, 23 de mayo de 2011

Nosotros somos responsables, en la más bella acepción del término, y podemos compartir la situación de los “condenados de la tierra” haciendo nuestras sus necesidades. Las personas de carácter no tienen tiempo para los lamentos porque se ocupan en trabajar para remediar las desgracias y las necesidades de los que sufren.

Para ello es preciso esforzarnos por ampliar nuestro conocimiento de la realidad sociopolítica y cultural de los más desfavorecidos, así como adoptar un modo de vida más austero y de comprometerse con actividades que ayuden a la sensibilización ante los problemas reales que padecen tantos seres humanos como nosotros y cuya suerte no nos es ajena.

Si el voluntariado social no se erige en esta realidad palpitante e ineludible, contribuye a que se perpetúe la injusticia estructural institucionalizando los efectos al no acometer la transformación de las causas. Pasemos el mensaje de boca en oreja acompañado de una conducta coherente con nuestra actitud vital.

Tenemos que seguir el camino de los hombres y mujeres auténticos que nos precedieron y que, hoy mismo, en tantos lugares, anónima y eficazmente, están contribuyendo a este alborear de un mundo nuevo con una sociedad nueva. Al fin y al cabo, ¿qué es la solidaridad sino la respuesta ante una desigualdad injusta?

La solidaridad que queremos construir supone cambios desde las estructuras para transformar nuestra sociedad y abrirnos camino hacia un futuro sostenible. La solidaridad se forja cuando comprometemos nuestra vida, nuestro tiempo, nuestros conocimientos y nuestra voluntad de cambiar una sociedad que no nos gusta por otra más humana, más digna y más justa. No todo está perdido y, si es cierto que “la noche nace al mediodía” como sostienen los sabios chinos, no lo es menos la proposición contraria que se encuentra en la afirmación anterior “la aurora comienza a medianoche”. Dado el abismo en que ha desembocado nuestra sociedad de consumo, de crecimiento ilimitado y de progreso incontrolado, es posible que nos encontremos en ese nuevo amanecer de una nueva cultura de la solidaridad.

Del mismo modo que la caída del muro de Berlín, en 1989, sorprendió al mundo, digan ahora lo que quieran pero ahí están las hemerotecas para comprobarlo, es muy probable que esa nueva revolución se esté produciendo aunque, como en todos los acontecimientos que marcaron el cambio de edades en la historia, sólo sean perceptibles en su forma real cuando ya se hayan producido. Un espacio no se hace visible hasta que no se adquiere una cierta distancia.

El mundo digital está transformando nuestras estructuras desde lo más profundo de forma que son inimaginables las posibilidades del ser humano que, como en el ejemplo de Mac Luhan, “pisa a fondo el acelerador de una potente máquina pero con la mirada puesta en el retrovisor”. Nuestra tarea como voluntarios sociales es ayudar a recuperar nuestras verdaderas señas de identidad.

J. C. Gª Fajardo

Centro de Colaboraciones Solidarias

SOLIDARIOS para el Desarrollo

Sensibilización y justicia social

Lunes, 21 de marzo de 2011

El voluntariado es una actitud de búsqueda de modelos sociales que afirmen la igualdad de oportunidades y la ruptura de las barreras mentales frente a las injusticias sociales. El voluntariado social no es prioritariamente una actividad asistencial con las personas marginadas. La acción voluntaria tiene, efectivamente, un componente asistencial decisivo en la resolución de problemas inmediatos, mucho más cuando éstos no admiten demora. Pero, sobre todo, se trata de una actitud frente a la sociedad, la búsqueda de un modelo social y de comportamientos personales que afirmen la justicia social y la búsqueda de mayores oportunidades para todos.
El voluntariado busca la colaboración mutua, la autonomía y, en definitiva, la felicidad para aquellos que no la tienen. Un voluntario puede ayudar a un discapacitado a sortear una barrera arquitectónica, pero su responsabilidad será, unida a otros miles de voluntarios, pedir a quien corresponda que desaparezcan las barreras. Su misión social se encamina hacia eliminar las barreras mentales frente a las diversas formas de exclusión social.
Algo mejor que hacer el bien es procurar que otros lo hagan. El voluntariado es para todos y ahí radica su eficacia social. Siempre habrá un lugar adecuado para cada persona dentro del voluntariado. Lo más alejado al concepto de voluntariado social sería un grupo elitista de “gente buena”. El voluntariado puede ofrecerse a cualquiera, con independencia de juicios morales o de planteamientos personales de vida. De ahí que el voluntario deba dar testimonio acerca de su labor y razón de su esperanza. Por un lado, para facilitar nuevas adhesiones a programas concretos pero, sobre todo, para acercar la sociedad establecida a los submundos de marginación llenos de mitos, tabúes, fronteras y exclusiones. Cada voluntario deberá buscar el mejor camino para comunicar lo que hace, y no debe dejar de hacerlo.

J. C. Gª Fajardo
SOLIDARIOS para el Desarrollo
fajardoccs@solidarios.org.es

Empatía

Viernes, 11 de marzo de 2011

Para todo voluntariado social, es fundamental desarrollar la capacidad de empatizar, inherente al ser humano. Esto le permitirá “conectar” con las personas que padecen algún tipo de exclusión social. Pero además, empatizar con sus propios compañeros supone ponerse en el lugar del otro, “caminar en sus zapatos durante muchas lunas” para respetarlo y hacer un esfuerzo de comprensión.

La empatía está muy relacionada con el sentido común ya que, si comprendemos el dolor, las frustraciones o los miedos del otro, podremos tratarlo como nos gustaría que nos trataran a nosotros mismos. Las situaciones, los sentimientos, los deseos o las motivaciones no son tan diferentes de unas personas a otras, por lo tanto no es tan difícil buscar la empatía.

Cierto que es imposible situarse en la realidad del otro, por más esfuerzo e interés que se ponga en ello. No obstante, el esfuerzo y el interés serán valorados por la otra persona positivamente, se dará cuenta de que le importas y de que te quieres acercar a su realidad por más dura que ésta sea. Y no sólo con lástima y buenas palabras, sino con el ánimo de ayudar y con acciones concretas para mejorar su vida.

J. C. Gª Fajardo

SOLIDARIOS para el Desarrollo

fajardoccs@solidarios.org.es

Voluntariado que “planta cara”

Martes, 15 de febrero de 2011

El sufrimiento o el mucho esfuerzo a la hora de realizar una acción voluntaria no son sinónimos de trabajo bien hecho. Por el contrario, disfrutar con el voluntariado es un indicador de calidad del servicio desarrollado.

Hacer las cosas de manera forzada y sobrepasar los límites de la responsabilidad y del compromiso “obliga” al beneficiario del programa a soportar nuestro sacrificio. Y eso se nota. Hay que evitarle al “otro” la sonrisa forzada del que se está doblegando a sí mismo. Para que la sonrisa brote con naturalidad, que las palabras sean espontáneas y no se tenga que forzar la actitud positiva, es importante elegir bien el servicio, informarse sobre lo que éste implica e insertarse en un programa en el que nos sintamos a gusto.

El voluntario social debe defender sus posiciones de una manera positiva y en varios aspectos. Por un lado, hacia la propia Organización a la hora de participar en la elaboración de programas o planteando críticas constructivas hacia los métodos o la orientación de su trabajo. Es un derecho del voluntario el poder participar en el diseño de los planes que luego él mismo ejecutará con otros compañeros.

Por otro lado, es posible que presencie agresiones o negligencias de profesionales, funcionarios públicos u otros voluntarios hacia las personas marginadas con las que trabajamos. En ese caso, el voluntario debe hacer valer los derechos que, como ciudadano, tiene cualquier persona, independientemente de su nivel cultural, social, económico o su nacionalidad. Pero lo más prudente y eficaz es que lo comunique al responsable de su servicio en la organización para que no deje de utilizar el cauce apropiado.

Los voluntarios, personas sensibilizadas con los problemas de los más débiles, tenemos que plantar cara a las actitudes sociales de hostilidad frente a los excluidos. Este último capítulo aún queda pendiente en el movimiento del voluntariado. Hay que exigir legislación adecuada, protección social, mayores recursos, jerarquización de las partidas presupuestarias, protagonismo social, derecho de acceso para las minorías y los ciudadanos con mayores dificultades de inserción. Los voluntarios tenemos mucho que decir en este aspecto.

Por supuesto, una actitud positiva supone firmeza y dulzura a la hora de decir “no” o poner límites y normas en procesos de reinserción. Un voluntario no puede ser blando y condescender con todo. De esta manera, la otra persona se siente adulta, responsable y se identifica más con el voluntario.

J. C. Gª Fajardo

SOLIDARIOS para el Desarrollo

fajardoccs@solidarios.org.es

Riesgo de saturación en el voluntario social

Viernes, 28 de enero de 2011

imagen de klynslis en flickr

Así como la intensidad de una amistad no se mide por el tiempo que se pasa con el amigo, la intensidad y la calidad del voluntariado social no se pueden medir por la cantidad de horas invertidas a lo largo de la semana.

Invertir más tiempo del recomendable supone un riesgo de saturación, sobre todo cuando el voluntario acaba de comenzar su labor. Con frecuencia, este exceso impide encajar el voluntariado entre las ocupaciones habituales. Por eso, es más importante establecer compromisos realistas que permitan la dedicación total del voluntario durante sus horas de servicio.

A veces, hay miembros de nuestra familia o de nuestro entorno que no están de acuerdo con nuestra labor, o simplemente les resulta indiferente. En estos casos, conviene no llevar las cuestiones del voluntariado a estos entornos y canalizar la relación voluntario-usuario a través de la organización, sin dar datos personales.

Si el voluntario diera su teléfono o su dirección o llevase al beneficiario de su servicio a su casa podría suponer ciertos riesgos. Sobre todo, se arriesga a prolongar los problemas hasta el domicilio.

Muchas veces, las personas atendidas o acompañadas en servicios de voluntariado tienen serias carencias afectivas que pueden volcar en el voluntario. De esta manera, es frecuente que personas mayores atendidas por programas de acompañamiento a domicilio llamen al voluntario para todo. Incluso llegan a pedir colaboraciones como excusa para hablar un rato con alguien. Todo esto puede saturar al voluntario social.

Para garantizar la eficacia del servicio, el voluntario debe ver los problemas con perspectiva y saber que él es una pieza más en un proceso de reinserción o en la resolución de un problema. Algunos voluntarios confunden lo urgente con lo importante cuando piensan que una labor de reinserción social debe hacerse de manera inmediata en lugar de conducirla despacio y de manera sólida. Una persona sin hogar que lleva quince años en la calle no puede pasar de la noche a la mañana a vivir una situación de completa normalidad. La implicación intensa para conseguir resultados a corto plazo puede conducir a la decepción del voluntario o a renunciar a resultados más firmes, aunque a más largo plazo.

J. C. Gª Fajardo

SOLIDARIOS para el Desarrollo

fajardoccs@solidarios.org.es

Voluntario social que respeta

Miércoles, 12 de enero de 2011


/* Style Definitions */
table.MsoNormalTable
{mso-style-name:”Tabla normal”;
mso-tstyle-rowband-size:0;
mso-tstyle-colband-size:0;
mso-style-noshow:yes;
mso-style-priority:99;
mso-style-qformat:yes;
mso-style-parent:”";
mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;
mso-para-margin-top:0cm;
mso-para-margin-right:0cm;
mso-para-margin-bottom:10.0pt;
mso-para-margin-left:0cm;
line-height:115%;
mso-pagination:widow-orphan;
font-size:11.0pt;
font-family:”Calibri”,”sans-serif”;
mso-ascii-font-family:Calibri;
mso-ascii-theme-font:minor-latin;
mso-fareast-font-family:”Times New Roman”;
mso-fareast-theme-font:minor-fareast;
mso-hansi-font-family:Calibri;
mso-hansi-theme-font:minor-latin;
mso-bidi-font-family:”Times New Roman”;
mso-bidi-theme-font:minor-bidi;}

J. C. Gª Fajardo

SOLIDARIOS para el Desarrollo

Más que tolerancia, lo que se precisa para ejercer el voluntariado social en ambientes de marginalidad es un gran respeto por la vida, las opciones, las ideas o las actitudes de las personas. El respeto, más allá de la tolerancia, no “soporta al otro a pesar de…”, sino que aprecia en las diferencias de los otros una gran riqueza.

En el voluntariado social, el respeto se manifiesta primero hacia los compañeros voluntarios. Hay que asumir que el compañero que tengo al lado puede moverse por razones diferentes a las mías y saber que esta diferencia jamás será un obstáculo para llevar a buen término un programa de voluntariado.

Normalmente, el voluntariado social no pone sus energías en la consecución de unas metas cuantitativas. La mayoría de las veces, su trabajo es difícil de medir. El voluntariado social se convierte en una manera de hacer las cosas, una manera de construir una sociedad democrática y una escuela de valores éticos. Para el cumplimiento de estos objetivos es imprescindible el diálogo entre personas que no tienen miedo a sus diferencias y sí una gran convicción en su igualdad como seres humanos dignos.

Si es importante el respeto hacia los compañeros voluntarios, más importante aún es el que se ha de mostrar hacia las personas marginadas. No es raro encontrarse situaciones jurídicas de ilegalidad, opciones sexuales diferentes a las mayoritarias, diferencias de cultura y de costumbres. Es muy poco sano y menos eficaz para el servicio de voluntariado escandalizarse por todo esto.

Respetar y comprender no significa justificar todas las actitudes. Hay que matizar el respeto con una cierta firmeza y asertividad que no está reñida con el cariño. En un centro penitenciario, la labor del voluntario no consiste en juzgar el delito de los internos, pues la sociedad ya tiene sus cauces judiciales. Pero tampoco la cercanía y el cariño hacia ellos deben interpretarse como aliento para las conductas delictivas. Un preso tampoco vería con buenos ojos que se le admirara por delinquir, sea cual sea su situación; aunque tampoco entenderá que se le pidan explicaciones por el delito por el que ya cumple condena.

Por último, el voluntario debe respetarse y aceptarse a sí mismo, imprescindible para transmitir ánimo y autoestima a los demás, ya que nadie puede dar lo que no tiene. Es una reflexión que deben hacer las personas que, no aceptándose, pretenden “querer al prójimo como a sí mismos”. ¡Pobre prójimo!

Vigencia del voluntariado social

Martes, 26 de octubre de 2010

J. C. Gª Fajardo / SOLIDARIOS para el Desarrollo /Centro de Colaboraciones Solidarias


/* Style Definitions */
table.MsoNormalTable
{mso-style-name:”Tabla normal”;
mso-tstyle-rowband-size:0;
mso-tstyle-colband-size:0;
mso-style-noshow:yes;
mso-style-priority:99;
mso-style-qformat:yes;
mso-style-parent:”";
mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;
mso-para-margin-top:0cm;
mso-para-margin-right:0cm;
mso-para-margin-bottom:10.0pt;
mso-para-margin-left:0cm;
line-height:115%;
mso-pagination:widow-orphan;
font-size:11.0pt;
font-family:”Calibri”,”sans-serif”;
mso-ascii-font-family:Calibri;
mso-ascii-theme-font:minor-latin;
mso-fareast-font-family:”Times New Roman”;
mso-fareast-theme-font:minor-fareast;
mso-hansi-font-family:Calibri;
mso-hansi-theme-font:minor-latin;
mso-bidi-font-family:”Times New Roman”;
mso-bidi-theme-font:minor-bidi;}

El voluntariado surgió en los sesenta como un fenómeno sociológico, una exigencia contra toda forma de discriminación por causa de raza, sexo, creencias, cultura, situación económica, edad o ideas políticas.

Es preciso denunciar conductas discriminatorias donde se encuentren y tomar conciencia de prejuicios inconscientes entre los miembros de la asociación donde se trabaja como voluntario.

Es posible comprometerse y arañar unas horas para servir a los más necesitados, aquí “a la vuelta de la esquina”, y despertar un movimiento en favor de lo más noble del ser humano: su capacidad de justicia y de solidaridad.

Más que protagonistas de la acción social, las ONG actúan como cooperadores en esta tarea que nos compete a todos. Ni cabe un Estado providencia, con pretensiones de regularlo todo, ni es imaginable una sociedad utópica al margen de las instituciones públicas con grupos de presión que trastornen el orden social.

Existen asociaciones que desarrollan proyectos sostenidos por voluntarios que trabajan con los más necesitados: ancianos, niños, enfermos terminales, inmigrantes, presos, drogodependientes, discapacitados y los marginados por la sociedad. Los mueve una solidaridad que trabaja en busca de la justicia y de la concordia, con plena gratuidad, sin buscar nada a cambio. No se puede imponer ningún modelo de desarrollo o concepción de vida alguna que pueda desarraigar a las personas y a los pueblos de sus tradiciones y de sus señas de identidad.

Las asociaciones humanitarias no pueden ser sucedáneas para paliar las injusticias que es preciso subsanar en sus estructuras. Los voluntarios tienen que reconocer cuanto de bueno y de justo se ha hecho en los campos de la beneficencia, de la solidaridad, de la justicia y de la caridad por movimientos que han sembrado la historia de ejemplos admirables.

El voluntariado tampoco puede ser una “moda” para suplir la falta de convocatoria desde otras instancias, políticas o religiosas, ni para encubrir errores, injusticias y la explotación de los pueblos empobrecidos del Sur por los intereses del Norte.

Aún nos encontramos en los albores del voluntariado, aunque haya miles de organizaciones y de voluntarios sociales. Faltan las mejores.