Archivo de la categoría "Lecturas recomendadas"

Humanización y voluntariado

Lunes, 27 de junio de 2011

de Luis Aranguren Gonzalo (PPC, 2010)

“Hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad

Y es no resignarse”.  Ernesto Sábato

“No sabemos lo que nos pasa, y eso es precisamente lo que nos pasa”. José Ortega y Gasset

“Cuando reflexionemos sobre nuestro siglo XX, no nos parecerán lo más grave las fechorías de los malvados, sino el escandaloso silencio de las buenas personas”. Martin Luther King

Imagen de guevonaso en Flickr

El voluntariado – ensalzado por unos, denostado por otros y reconocido por la inmensa mayoría- asegura hoy la posibilidad de construir una casa para todos, donde cada persona, con independencia de su credo, procedencia, nivel económico o cualquier otra circunstancia, se sienta reconocida como tal y promovida a la condición de ciudadana, como las demás.

La humanización es el criterio de actuación de un voluntariado maduro; le mueve el sentido de la dignidad de cada persona. Antes que la calidad, la formación, el programa, la evaluación y sus indicadores se encuentra lo humano como primera y última palabra.

En pleno siglo XXI, el voluntariado se alza sobre el silencio para narrar en su día a día historias de vida que hablan de rehabilitación por la vía de la ternura, de la fuerza del abrazo, del poder de la palabra, de la fuerza de la protesta colectiva.

El voluntariado muestra la vigencia de la solidaridad cuando no se la manipula y el sentido de la humanización cuando desde la compasión se articulan posibilidades de vida buena para los que lo pasan peor.

Los voluntarios son más que buena gente que hace cosas por los demás. Son un puente de convivencia entre personas y colectivos diferentes, y por ello son patrimonio de la humanidad;  no de una confesión religiosa, ni de un Gobierno, ni de una organización solidaria.

El autor es un maestro para cuantos nos esforzamos por arrimar el hombro para la construcción de otro mundo mejor, porque es posible ya que es necesario. Sus escritos, conferencias y cursos son una guía segura para quienes se adentran en un camino en el que ya existen reflexiones maduras e inteligentes sobre este fenómeno de nuestro tiempo, el voluntariado y la solidaridad como respuesta a toda desigualdad injusta. Inolvidables y convenientes son sus libros Reinventar la solidaridad (1998), Cartografía del voluntariado (2000), Educar en el compromiso (2002). A él nuestro agradecimiento por tantos momentos del luz, de ánimo y  sosiego.

J. C. Gª Fajardo

fajardoccs@solidarios.org.es

Hacer propias las necesidades ajenas

Lunes, 23 de mayo de 2011

Nosotros somos responsables, en la más bella acepción del término, y podemos compartir la situación de los “condenados de la tierra” haciendo nuestras sus necesidades. Las personas de carácter no tienen tiempo para los lamentos porque se ocupan en trabajar para remediar las desgracias y las necesidades de los que sufren.

Para ello es preciso esforzarnos por ampliar nuestro conocimiento de la realidad sociopolítica y cultural de los más desfavorecidos, así como adoptar un modo de vida más austero y de comprometerse con actividades que ayuden a la sensibilización ante los problemas reales que padecen tantos seres humanos como nosotros y cuya suerte no nos es ajena.

Si el voluntariado social no se erige en esta realidad palpitante e ineludible, contribuye a que se perpetúe la injusticia estructural institucionalizando los efectos al no acometer la transformación de las causas. Pasemos el mensaje de boca en oreja acompañado de una conducta coherente con nuestra actitud vital.

Tenemos que seguir el camino de los hombres y mujeres auténticos que nos precedieron y que, hoy mismo, en tantos lugares, anónima y eficazmente, están contribuyendo a este alborear de un mundo nuevo con una sociedad nueva. Al fin y al cabo, ¿qué es la solidaridad sino la respuesta ante una desigualdad injusta?

La solidaridad que queremos construir supone cambios desde las estructuras para transformar nuestra sociedad y abrirnos camino hacia un futuro sostenible. La solidaridad se forja cuando comprometemos nuestra vida, nuestro tiempo, nuestros conocimientos y nuestra voluntad de cambiar una sociedad que no nos gusta por otra más humana, más digna y más justa. No todo está perdido y, si es cierto que “la noche nace al mediodía” como sostienen los sabios chinos, no lo es menos la proposición contraria que se encuentra en la afirmación anterior “la aurora comienza a medianoche”. Dado el abismo en que ha desembocado nuestra sociedad de consumo, de crecimiento ilimitado y de progreso incontrolado, es posible que nos encontremos en ese nuevo amanecer de una nueva cultura de la solidaridad.

Del mismo modo que la caída del muro de Berlín, en 1989, sorprendió al mundo, digan ahora lo que quieran pero ahí están las hemerotecas para comprobarlo, es muy probable que esa nueva revolución se esté produciendo aunque, como en todos los acontecimientos que marcaron el cambio de edades en la historia, sólo sean perceptibles en su forma real cuando ya se hayan producido. Un espacio no se hace visible hasta que no se adquiere una cierta distancia.

El mundo digital está transformando nuestras estructuras desde lo más profundo de forma que son inimaginables las posibilidades del ser humano que, como en el ejemplo de Mac Luhan, “pisa a fondo el acelerador de una potente máquina pero con la mirada puesta en el retrovisor”. Nuestra tarea como voluntarios sociales es ayudar a recuperar nuestras verdaderas señas de identidad.

J. C. Gª Fajardo

Centro de Colaboraciones Solidarias

SOLIDARIOS para el Desarrollo

Presencia, confidencialidad y discreción del voluntariado

Viernes, 8 de abril de 2011

Javier Barbero, un psicólogo muy relacionado con el mundo del voluntariado, suele repetir: “El voluntario no está para solucionar problemas, sino al lado de personas con problemas a las que apoya con su presencia”.
Para solucionar problemas concretos y para buscar soluciones materiales a los problemas, normalmente existen profesionales o funcionarios cualificados y con recursos a su alcance. Lo que ofrece el voluntario es su presencia positiva junto al que sufre para sostener su autoestima y hacerle más llevaderos procesos dolorosos. Y si el voluntario no soluciona problemas por lo general, lo que sí hace con su presencia es detectarlos, y alertar a aquellos que sí pueden ofrecer una solución.
Un voluntario no puede limpiar la casa de una señora mayor, pero sí puede ponerla en contacto con el Área de Servicios Sociales para que le envíen una auxiliar de domicilio. Ni puede prescribir medicamentos a una persona sin hogar, aunque sea médico, sino que lo acompañará al médico del servicio de salud que le corresponda. La misión del voluntario en ambos casos es crear un clima de confianza y de cariño que palie la soledad de una y de otro.
Por otro lado, el voluntario debe tener en cuenta uno de los deberes que recoge la Ley del Voluntariado: “Guardar confidencialidad de la información recibida y conocida en el desarrollo de su actividad voluntaria.” La ley establece lo que es una regla de sentido común en ambientes donde nos pueden contar asuntos relacionados con la salud, con la vida íntima, problemas con la justicia, etc. que exigen de quien los escucha la discreción más absoluta y una confidencialidad profesional como la de médicos o sacerdotes. Por otra parte no debe buscar más información de la estrictamente necesaria para realizar el servicio asignado o de la que quiera darle libremente la persona con la que trata.
Asimismo, el voluntario no debe atormentarse y cargar él solo con la responsabilidad de confidencias delicados para su conciencia. Para situaciones de este tipo, debe comunicarse con los responsables de la organización al nivel que corresponda y delegar responsabilidades en ellos. Hablamos, por ejemplo, de casos extremos como conocer que una persona tiene intención de suicidarse, o de fugarse de un Centro Penitenciario, o casos más corrientes como abandonar un programa de recuperación de toxicómanos, o abandonar unas clases de apoyo, etc. En muchos casos, ni el voluntario ni la Organización tendrán mucho que hacer frente a la libertad y a la voluntad del sujeto, pero quizás puedan intervenir positivamente para reducir daños o reconducir de alguna manera la situación.

J. C. García Fajardo
SOLIDARIOS para el Desarrollo
fajardoccs@solidarios.org.es

Las trampas de la profesionalización de la comunicación en las ONG

Viernes, 1 de abril de 2011

Por: olgaberrios en CanalSolidario.org

“No llegamos a la gente”, se dice desde las ONG. Por eso, muchas han concluido que la necesidad comunicativa que tienen es la de dotarse de departamentos de comunicación profesionalizados. ¿Tú qué opinas? ¿Son estos departamentos la solución para llegar a la ciudadanía o son sólo una trampa?

Estos son mis personales apuntes del texto “Recuperando la esencia: las ONGD como agentes de comunicación para el cambio social”, publicado por Montse Santolino Prieto (CiComunica) en el libro Comunicando para la solidaridad y la cooperación editado por el Foro Comunicación, Educación y Ciudadanía.

>> Tras estudiar ese proceso, varios estudios han concluido que las organizaciones más profesionalizadas hablaban cada vez más de sí mismas y menos de las personas por las que luchan, sus causas y sus problemas

>> Las propias estructuras jerárquicas y de poder de muchas organizaciones impiden o limitan la adopción de otro modelo de comunicación más transformador. Así que los estudios apuntan también a problemas de mayor calado, de naturaleza cultural e identidad organizacional: el modelo comunicativo era algo que construir, un eje sobre el que girar y a través del cual las organizaciones deben reinventarse

>> Algunas trampas que cabe destacar de este modelo son: la falta de sinceridad comunicativa que ocultó debates y diferencias, la despolitización y la invisibilización del trabajo educativo y cultural

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Reflexiones colectivas sobre la ‘apropiación tecnológica en las organizaciones sociales’

Jueves, 31 de marzo de 2011

Esta publicación es un material fruto de la reflexión colectiva con un centenar de personas procedentes de diferentes organizaciones sociales, colectivos, asociaciones, ONG, técnicos de la administración o cooperativas de iniciativa social, a las que las une -entre otras cosas- la ilusión y preocupación por los proceso de incorporación, uso y apropiación social de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).

El proceso de intercambio, reflexión y participación se ha realizado entre finales de 2010 y principios de 2011. En primer lugar Madrid, en octubre de 2010 donde arrancó el “Encuentro Presencial y Virtual: Las TIC en las organizaciones sociales” impulsado por la organización extremeña ACUDEX y el Colectivo de Educación para la Participación – CRAC. El segundo momento fue en Cádiz en Noviembre de 2010, en el “II Encuentro de Movimientos en la Red” que por segundo año consecutivo organizaba el CRAC convocando a las asociaciones y colectivos de Andalucía. Y, por último, ya en 2011 a mediados de febrero se celebró la primera sesión presencial de un proceso formativo llamado “Tercer sector 2.0” organizado por la red Elkartekintza.

Descarga el documento: Las TICs en las organizaciones sociales. Reflexiones colectivas sobre la ‘apropiación tecnológica en las organizaciones sociales’

Voluntariado que “planta cara”

Martes, 15 de febrero de 2011

El sufrimiento o el mucho esfuerzo a la hora de realizar una acción voluntaria no son sinónimos de trabajo bien hecho. Por el contrario, disfrutar con el voluntariado es un indicador de calidad del servicio desarrollado.

Hacer las cosas de manera forzada y sobrepasar los límites de la responsabilidad y del compromiso “obliga” al beneficiario del programa a soportar nuestro sacrificio. Y eso se nota. Hay que evitarle al “otro” la sonrisa forzada del que se está doblegando a sí mismo. Para que la sonrisa brote con naturalidad, que las palabras sean espontáneas y no se tenga que forzar la actitud positiva, es importante elegir bien el servicio, informarse sobre lo que éste implica e insertarse en un programa en el que nos sintamos a gusto.

El voluntario social debe defender sus posiciones de una manera positiva y en varios aspectos. Por un lado, hacia la propia Organización a la hora de participar en la elaboración de programas o planteando críticas constructivas hacia los métodos o la orientación de su trabajo. Es un derecho del voluntario el poder participar en el diseño de los planes que luego él mismo ejecutará con otros compañeros.

Por otro lado, es posible que presencie agresiones o negligencias de profesionales, funcionarios públicos u otros voluntarios hacia las personas marginadas con las que trabajamos. En ese caso, el voluntario debe hacer valer los derechos que, como ciudadano, tiene cualquier persona, independientemente de su nivel cultural, social, económico o su nacionalidad. Pero lo más prudente y eficaz es que lo comunique al responsable de su servicio en la organización para que no deje de utilizar el cauce apropiado.

Los voluntarios, personas sensibilizadas con los problemas de los más débiles, tenemos que plantar cara a las actitudes sociales de hostilidad frente a los excluidos. Este último capítulo aún queda pendiente en el movimiento del voluntariado. Hay que exigir legislación adecuada, protección social, mayores recursos, jerarquización de las partidas presupuestarias, protagonismo social, derecho de acceso para las minorías y los ciudadanos con mayores dificultades de inserción. Los voluntarios tenemos mucho que decir en este aspecto.

Por supuesto, una actitud positiva supone firmeza y dulzura a la hora de decir “no” o poner límites y normas en procesos de reinserción. Un voluntario no puede ser blando y condescender con todo. De esta manera, la otra persona se siente adulta, responsable y se identifica más con el voluntario.

J. C. Gª Fajardo

SOLIDARIOS para el Desarrollo

fajardoccs@solidarios.org.es

Riesgo de saturación en el voluntario social

Viernes, 28 de enero de 2011

imagen de klynslis en flickr

Así como la intensidad de una amistad no se mide por el tiempo que se pasa con el amigo, la intensidad y la calidad del voluntariado social no se pueden medir por la cantidad de horas invertidas a lo largo de la semana.

Invertir más tiempo del recomendable supone un riesgo de saturación, sobre todo cuando el voluntario acaba de comenzar su labor. Con frecuencia, este exceso impide encajar el voluntariado entre las ocupaciones habituales. Por eso, es más importante establecer compromisos realistas que permitan la dedicación total del voluntario durante sus horas de servicio.

A veces, hay miembros de nuestra familia o de nuestro entorno que no están de acuerdo con nuestra labor, o simplemente les resulta indiferente. En estos casos, conviene no llevar las cuestiones del voluntariado a estos entornos y canalizar la relación voluntario-usuario a través de la organización, sin dar datos personales.

Si el voluntario diera su teléfono o su dirección o llevase al beneficiario de su servicio a su casa podría suponer ciertos riesgos. Sobre todo, se arriesga a prolongar los problemas hasta el domicilio.

Muchas veces, las personas atendidas o acompañadas en servicios de voluntariado tienen serias carencias afectivas que pueden volcar en el voluntario. De esta manera, es frecuente que personas mayores atendidas por programas de acompañamiento a domicilio llamen al voluntario para todo. Incluso llegan a pedir colaboraciones como excusa para hablar un rato con alguien. Todo esto puede saturar al voluntario social.

Para garantizar la eficacia del servicio, el voluntario debe ver los problemas con perspectiva y saber que él es una pieza más en un proceso de reinserción o en la resolución de un problema. Algunos voluntarios confunden lo urgente con lo importante cuando piensan que una labor de reinserción social debe hacerse de manera inmediata en lugar de conducirla despacio y de manera sólida. Una persona sin hogar que lleva quince años en la calle no puede pasar de la noche a la mañana a vivir una situación de completa normalidad. La implicación intensa para conseguir resultados a corto plazo puede conducir a la decepción del voluntario o a renunciar a resultados más firmes, aunque a más largo plazo.

J. C. Gª Fajardo

SOLIDARIOS para el Desarrollo

fajardoccs@solidarios.org.es