Archivo del 20 de Julio de 2009

El conocimiento que “se mueve”

Lunes, 20 de Julio de 2009

Quizá no sea este el momento de repetir la importancia de la formación para las organizaciones del Tercer Sector puesto que los diferentes documentos que, de alguna manera, orientan y ordenan la acción social (Plan Estatal del Voluntariado, Plan Estratégico del Tercer Sector de Acción Social) así lo manifiestan.

Pero lo que sí debemos empezar a repetir machaconamente, como un mantra tibetano que acaba formando parte de nuestra forma natural de actuar, es el aspecto que debe adoptar esta formación, o dicho de otra forma, la metodología que debemos utilizar si queremos que la formación sea eficaz.

Taller durante la Escuela de Otoño 2008 / Carmen Amat, Imagen en Acción

En un post anterior hacíamos alusión a un documento elaborado por la Fundación Esplai en el que se nos planteaba una “nueva forma de desarrollar una formación más efectiva, más ajustada a nuestra realidad y más coherente con los objetivos que pretendemos alcanzar”.

Hablar de la formación como adquisición de conocimientos quizá sea un tópico, pero no siempre nos los planteamos así a la hora de enfrentarnos a ella.

Los conocimientos que poseemos (y los que adquirimos a través de la formación) constituyen una herramienta básica que nos permite interpretar la realidad y por tanto enfrentarnos a ella. En la medida en que esos conocimientos nos proporcionen una visión más o menos objetiva de esa realidad, nuestras actuaciones para intervenir sobre ella serán más eficaces.

Tenemos claro que esa realidad está cambiando a pasos agigantados, y por tanto, los conocimientos que requerimos para realizar esa interpretación libre de sesgos, deben incrementarse. La formación debe salvar la diferencia que existe entre los conocimientos que necesitamos para ser competitivos y los que ya poseemos.

Compartir lo que sabemos
En muchas ocasiones la formación se limita a la adquisición de datos y de información1 pero no de conocimientos,  lo que nos impide reinterpretar la realidad y por tanto ajustarnos a ella. No produce ningún valor. No cumple su objetivo.

Pero seamos optimistas. Pensemos  que las acciones formativas en las que participamos no se limitan a proporcionarnos datos sino que nos aportan conocimientos que nos ayudan a interpretar la realidad. Ahora el siguiente reto al que nos enfrentamos es el de compartir esos conocimientos.

El conocimiento en sí mismo no tiene ningún valor. Lo realmente interesante, y lo que le aporta un verdadero valor dentro de una organización, es el compartirlo con las y los demás. Lejos queda la afirmación “La información es poder” utilizada cuando alguien quería justificar la falta de comunicación o el secretismo con en el que gestionaba esa información.

Los conocimientos adquiridos por una persona en el seno de una organización deben ser compartidos con el resto de miembros de esa organización. De esta forma todos se verán beneficiados con ese conocimiento y además se creará uno nuevo, un conocimiento organizativo.

Pero esta puesta en común de los conocimientos adquiridos por los distintos miembros de nuestra organización, si queremos que sea efectiva, debe cumplir  una serie de requisitos: saber a quién se lo contamos (no a todo el mundo le interesa la misma información), cómo lo contamos (no es lo mismo contarlo tomando un café que en una situación de aprendizaje planificada), o por qué lo contamos (que objetivo tenemos al contarlo), querer contarlo (la persona que tiene que transmitir esos conocimientos debe estar motivada)… en definitiva, ese conocimiento debe ser gestionado.

Gestionar el conocimiento
“Si me ofreciesen la sabiduría con la condición de guardarla para mí sin comunicarla a nadie, no la querría”. Esta frase que viene a ilustrar perfectamente la importancia que tiene compartir los conocimientos que adquirimos  tiene veinte siglos de antigüedad. Fue Lucio Seneca, el filósofo de origen cordobés el que reflexionó sobre este hecho. La “Gestión del Conocimiento”, este invento del siglo XXI, ha tardado veintiún siglos en tomar cuerpo.

La gestión del conocimiento es “el proceso de identificar, agrupar, ordenar y compartir, de forma continua, conocimiento de todo tipo para satisfacer necesidades presentes o futuras, para identificar y explotar recursos de conocimiento tanto existentes como adquiridos y para desarrollar nuevas oportunidades”. Supone una nueva forma de gestionar dentro de las organizaciones que centra todos sus esfuerzos en el valor más importante que poseen: las personas y el conocimiento que estas poseen.

Los programas de gestión del conocimiento deben definir y fomentar las capacidades de los trabajadores y trabajadoras  de cara a conseguir unos resultados, pero además debe identificar los recursos con los que deben contar para ello.

Las actividades básicas que engloban este tipo de procesos son tres:

  1. Crear conocimiento. En algunos casos no se trata de tanto de crear nuevos conocimientos como de explicitar los ya existentes.
  2. Transmitirlo y difundirlo, tanto dentro como fuera de la organización. Antes hemos comentado como el conocimiento gana valor cuando “se mueve”.
  3. Medir su rentabilidad. Las organizaciones deben contar con distintas herramientas que permitan evaluar la propia evolución conseguida gracias a esta gestión.

Después de revisar una pequeña bibliografía sobre este tema, parece que estos procesos sólo son aplicables a las empresas que buscan incrementar sus beneficios económicos, pero lo cierto es que su aplicación en las ONG puede ser igual de útil puesto que trata de optimizar los recursos existentes  (ya de por si escasos en el Tercer Sector) y proporcionan una herramienta imprescindible para adecuar estos recursos a los objetivos que se persiguen.

Es hora de que empecemos a incorporar esta gestión en nuestros procesos de trabajo diarios.

¡Muévete!

Comparte documentación a través de la zona de recursos de la Plataforma o envíanos un artículo para publicarlo en nuestro sitio

1 = Los datos son un conjunto de factores objetivos sobre un hecho real. Nos describen la realidad, pero no la interpretan. La información es la organización de esos datos para crear un mensaje que después será transmitido.

“Te lo vas a pasar genial y te cambia la vida”

Lunes, 20 de Julio de 2009

Foto de grupo de campamentoHace tres años, al sevillano José Luis Terriza le quedaban pocas asignaturas de la carrera de Biología y las cosas le iban un poco mal con su pareja. “Tenía mucho tiempo libre y quería hacer algo”.

Un amigo que trabaja de coordinador de voluntariado le propuso participar en las actividades de CANF-COCEMFE Andalucía.

¿En qué consiste tu voluntariado?

Hacemos turnos de vacaciones. Nos vamos a diferentes sitios de Andalucía con grupos de niñas y niños, jóvenes o adultos con discapacidad. Y ahí estamos a lo que sea: ayudando en la comida, en el aseo o simplemente acompañando. Eso depende de la persona.

Precisamente el próximo viaje que tenemos es a un albergue de Huelva. Estaremos 35 personas con discapacidad y 10 personas voluntarias.

¿Habías hecho antes voluntariado?

No había hecho antes nunca. Una vez que estás dentro te enteras de los muchos tipos de voluntariados que hay. Antes no sabía ni qué era el voluntariado.

¿Qué es lo que más te ha costado?

Lo que más me ha costado es ayudar en el aseo de la gente con menos movilidad. Tienes que eliminar totalmente la barrera de la intimidad. Eso me costó.  Por lo demás, la gente estupenda. Muchos repiten y será porque lo estamos haciendo bien. Recibes más de lo que das. Además, muchos de ellos ya no son usuarios, sino amigos.

Un voluntario ayuda a una persona con discapacidad a subir a un autobús¿Por qué son necesarios proyectos como éste?

El problema que tiene este colectivo es la sobreprotección. Te das cuenta de que chavales o incluso gente mayor no hace las cosas porque les han dicho que no pueden hacerlas. Yo he visto a un chaval sin piernas subir un rocódromo. Y yo lo subí antes que él y me costó… ¡vaya tela!

¿Ha cambiado tu visión de la discapacidad?

¡Pues claro! Te das cuenta de todas las barreras arquitectónicas que hay en tu pueblo. Te das cuenta de todo lo que pueden hacer. Y no me dan pena. La gente siente pena por las personas en silla de ruedas, pero es como si a mí me pidieran que corra 100 metros en 12 segundos.

También te das cuenta de que todavía hay muchas barreras y el ocio está muy limitado. La semana pasada, en Torremolinos, estuvimos media hora buscando un sitio donde subir con una silla.

Además, lo peor son las barreras mentales. Hay quienes tienen miedo o quienes tratan a las personas con discapacidad física como si no pudieran entender, como si además tuvieran una discapacidad intelectual.

¿Cómo animarías a alguien a participar?

Le diría que te lo vas a pasar genial y que te cambia la vida. Te cambia la forma de pensar y maduras un montón.

¡Haz voluntariado!